domingo, 1 de diciembre de 2019

El patriarcado no existe. Por Agustín Laje

En 1969, la feminista radical Kate Millet publicaba su afamado libro Sexual Politics —considerado en 1998 por el New York Times como una de las diez obras más influyentes del Siglo XX—. Una renovada narrativa feminista se expresaba en aquellas páginas, articuladas por un viejo vocablo que, aggiornado, volvía a tomar centralidad discursiva: “el patriarcado”.
El concepto ya había sido utilizado antes por Friedrich Engels quien, en El origen de la familia, el Estado y la propiedad privada, adjudicaba su raíz a la aparición de la propiedad privada.Pero Millet le daba, 85 años más tarde, un alcance mucho más importante. El “patriarcado” es ahora el régimen político “a través del cual la mitad de la población, que es femenina, es controlada por la otra mitad, que es masculina”.El “patriarcado” es el sistema de dominación fundamental, vale decir, atraviesa todos los otros tipos de sistemas de dominación (si en Engels el sistema de clases es fundamento del “patriarcado”, en Millet el “patriarcado” es fundamento del sistema de clases).
En una palabra, el “patriarcado” es un sistema estructurado para colocar, de manera inexorable, a la mujer en inferioridad respecto del hombre. Las tesis más extremas del “patriarcado” motorizan el lesbianismo como “forma de resistencia”, pues la heterosexualidad equivaldría a “dormir con el enemigo” (la propia Millet, sin ir más lejos, era lesbiana).
No obstante, aquí argumentaré que, en verdad, el “patriarcado” ya no existe en los países occidentales, y ello no gracias a la vocinglera militancia feminista, sino gracias al sistema económico y político que tanto odian las feministas: el capitalismo de libre mercado y la democracia liberal.
Los datos de la realidad, en efecto, parecen mostrar algo bien distinto de lo que establece el discurso del “patriarcado”: en numerosas dimensiones e indicadores de la vida social, cuidadosamente omitidos por el feminismo, el hombre aparece mayormente perjudicado.
Veamos algunos ejemplos.
A nivel mundial, el 79% de las víctimas de homicidio son hombres(Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito). En Argentina, por caso, en el año 2014 —los datos más actualizados de que disponemos— se cometieron 3.269 asesinatos, de los cuales el 83,60% corresponde a hombres asesinados (2733 hombres), y el 16,40% a mujeres asesinadas (536 mujeres).
En las guerras, históricamente, el más perjudicado ha sido siempre el hombre. En una de las más recientes, la de Irak, las bajas correspondientes a Estados Unidos fueron un 97,68% hombres.
En lo que hace a la violencia contra la mujer, es interesante advertir que las más altas tasas se registran precisamente en aquellos países donde menos libertad económica hay, si se compara el siguiente gráfico del Banco Mundial con los datos del ranking de libertad económica de la Heritage Foundation.(Llamativamente, ni el Banco Mundial ni otras Organizaciones Internacionales han hecho estudios profundos sobre la violencia de la mujer contra el hombre).
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A nivel mundial, la esperanza de vida de una mujer es 5 años mayor que la de un hombre. En un análisis entre países, podemos advertir asimismo que la mujer vive más allí donde la economía es más libre (Organización Mundial de la Salud). Un dato curioso complementario: también a nivel mundial, hay tres veces más suicidios en hombres que en mujeres (Organización Mundial de la Salud).
Veamos algunos datos relativos al mundo laboral. En lo que hace a la mano de trabajo infantil, la Organización Internacional del Trabajo calculó en 2012 que los niños tienden a participar más en la producción económica que las niñas (148,3 millones en comparación con 116,1 millones en el caso de las niñas). La tasa de empleo fue de 18,1% para los niños en comparación con 15,2% para las niñas.
Las tasas de accidentes laborales son desproporcionadamente desventajosas para los hombres. En Argentina por ejemplo, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo informó que en 2014 el 81% de los perjudicados por “Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales” eran hombres, en comparación con un 19% mujeres.
A partir de la Revolución Industrial, la mujer ha ido tomando cada vez mayor participación en el mundo laboral. La ampliación progresiva que desde entonces ha experimentado lo que llamamos “mercado”, ha beneficiado esta incorporación femenina a la economía, debido a que su propia estructuración lógica maximizadora impide la discriminación sexual (y de cualquier tipo) bajo el riesgo de incurrir en mayores costos: nadie que quiera maximizar económicamente su negocio pagará más alguien “por ser hombre”.
A nivel mundial, casi un 40% de la población activa actual son mujeres según el Banco Mundial. En los países económicamente más libres, otra vez, la tasa es mayor.
Veamos el caso de Estados Unidos.Hacia 1870, sólo un 14% de las estadounidenses en edad laboral trabajaban fuera de la casa. Pero hacia 1940, el número ya se había duplicado. Para 1970, aproximadamente el 43% de las mujeres de Estados Unidos con edad superior a los dieciséis años tenía un trabajo asalariado. En 1996, eran casi el 60% las que trabajaban. En 2014, según datos del Banco Mundial, un 46% de la mano de obra norteamericana estaba formada por mujeres.Y no menos importante, según estudios de la revista Fortune, hoy las mujeres son propietarias del 65% de todos los bienes de Estados Unidos.grafico-2
La igualdad de la mujer respecto al hombre es un proceso y, como tal, debe ser analizado como una película y no como una fotografía. La mayoría de los errores del feminismo consiste en analizar la instantánea en lugar del largometraje. En la base de este proceso igualador se encuentra el sistema económico que, paradójicamente, el feminismo insiste con atacar.
La antropóloga Helen Fisher ha destacado precisamente cómo los cambios económicos, desde la Revolución Industrial hasta la actual Revolución de la Información, benefició a la mujer. Su tesis es que el actual capitalismo puede incluso darle grandes ventajas por sobre el hombre; de ahí que su trabajo se haya titulado El primer sexo.Fundamentalmente, Fisher destaca el crecimiento del sector servicios frente al industrial, respecto de lo cual ya podemos darle razón en virtud de datos concretos como que a nivel mundial el sector servicios es ocupado por un 54% de mujeres (Banco Mundial).
Probablemente se nos diga, empero, que “si bien la mujer se incorporó al mundo laboral, el patriarcado se expresa pagándoles menos salarios a éstas en comparación a los hombres”. Es la falacia de la “brecha salarial”, que ha sido destruida por la feminista (disidente) Christina Hoff Sommers.En una palabra, el origen de la falacia tiene que ver con comparar hombres y mujeres haciendo diferentes trabajos; cuando se los compara en un mismo trabajo y misma cantidad de horas, no hay desigualdad (conforme a la lógica de mercado ya expuesta). Pero los análisis feministas no tienen en consideración cuestiones tan importantes como profesiones elegidas, tipos de trabajo y cantidad de horas laboradas por mes.
Sumemos otra curiosidad respecto del “patriarcado” en lo que hace a la dimensión económica de la sociedad: entre el 75% y el 80% de las personas en situación de calle son hombres.Curioso sistema de dominación contra la mujer, que tiene a sus hombres sin techo.
¿Y qué hay de la educación? En este ámbito tampoco parecemos encontrar ya rastros del mentado “patriarcado”. En el siguiente gráfico del Banco Mundial podemos ver, a nivel global, que las curvas de niños y niñas ya se encuentran prácticamente solapadas, lo cual significa que hay igualdad en la finalización de la educación primaria y secundaria.
grafico-3En lo referente a la educación terciara y universitaria, no podemos decir que haya actualmente igualdad, sino clara ventaja para la mujer. A nivel global, la mujer se egresa un 33% más de universidades que los hombres.Según el Informe Global de la Brecha de Género 2015 (Foro Económico Mundial), “las mujeres ya representan la mayoría de estudiantes en casi 100 países”.Veamos de cerca el caso argentino: según los datos del último censo, de los 1.929.813 argentinos que completaron su formación universitaria, 1.050.662 son mujeres, y apenas 879.151, hombres. Significa que hoy si una empresa publica una búsqueda profesional recibirá 55 currículas femeninas, contra 45 masculinas. Hay que destacar en el censo anterior los egresados eran 582.574 mientras las egresadas 559.577, lo cual significa que la brecha sigue en crecimiento: mientras que en una década estas últimas se duplicaron, los egresados hombres crecieron sólo 50%.
Midiendo precisamente salud, educación e ingreso, el “Nuevo Índice de Desarrollo Humano relativo al Género” (Naciones Unidas) dio para Argentina un valor de 1,001, donde 1 representa la igualdad total, >1 desigualdad en favor del hombre y <1 desigualdad en favor de la mujer.Es decir, hay una completa igualdad, incluso con una centésima a favor de la mujer.
Nos detengamos aquí a insistir con la importancia del sistema económico. El Cato Institute ha cruzado los datos del Índice de Libertad Económica en el Mundo con indicadores sociales relativos a las mujeres, que se desprenden del Índice de Desigualdad de Género (IDG) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2010), y ha encontrado cosas asombrosas. Entre otras, ha comprobado que la desigualdad entre hombres y mujeres es dos veces más baja en los países con una economía capitalista que en aquellos que mantienen una economía cerrada y reprimida.
Asimismo, otros indicadores nos resultan significativos: en los países económicamente más libres, 71.7% de las mujeres ha terminado la educación secundaria, mientras en los menos capitalistas sólo 31.8% ha podido pasar por ella y finalizarla; los Parlamentos de los países económicamente más libres tienen una media de representantes mujeres doblemente mayor a la de los menos capitalistas; la mortalidad maternal en los países económicamente más libres es de 3.1 por cada 100,000 nacimientos, mientras en los países menos capitalistas ese valor se encuentra en 73.1 muertes; la tasa de fecundidad de adolescentes en los países económicamente más libres es de 22.4 por cada 1,000 mujeres de entre 15 y 19 años, mientras en los países menos capitalistas encontramos 87.7 casos.
Pero subrayemos lo siguiente. El feminismo insiste en ver “patriarcado” precisamente en las sociedades que, con arreglo a sus sistemas políticos y económicos, más igualdad lograron para los sexos. Así, nunca faltan protestas tan extravagantes como aquella que se hizo recientemente contra la depilación femenina por ejemplo (¡justo cuando muchos hombres empiezan también a depilarse!), mientras se guarda un silencio de tumba respecto a lo que acontece en otros puntos del globo donde otros sistemas políticos, económicos y culturales, mantienen a la mujer oprimida —principalmente en África y Medio Oriente—, con prácticas tales como la ablación (mutilación del clítoris) o el matrimonio de niños.
Frente a estos hechos, esta Nueva Izquierda de la cual el feminismo radical es parte, tiene listo su discurso contra el “etnocentrismo”, en favor del “multiculturalismo”, y da por cerrada epistemológicamente cualquier tipo de crítica.
Son contradicciones de ideologías que, diciendo estar del lado de la mujer, sólo buscan atacar los fundamentos del propio sistema que hizo del llamado “patriarcado” una pieza de museo histórico para Occidente.

Un crimen aberrante del ERP. Por Agustín de Beitia y Jorge Martínez

Era un radiante mediodía tucumano. Una familia tipo próxima a agrandarse llegaba a un clásico almuerzo dominical con los abuelos. Padre, esposa embarazada de cinco meses y dos niñitas. Pero los Viola no eran una familia cualquiera ni ese 1 de diciembre de 1974 iba a ser un día como los demás.
El capitán del Ejército Humberto Viola (de 31 años) quería estacionar el auto en el garaje de la casa de sus padres. Bajó primero su esposa, Maby, para abrir el portón. Se alejó unos metros. Entonces estallaron los disparos sobre el vehículo que partían desde otros autos. Ráfagas de fusil, perdigonadas de escopeta. Una emboscada en plena calle, a siete cuadras de la Casa de Gobierno de San Miguel de Tucumán.
Viola escapó del auto como pudo, por la puerta del acompañante, malherido. Quería preservar a sus hijas, alejarse para que los atacantes concentraran sus dispararos en él, quitarlas del punto de mira. Corrió media cuadra hasta que más balazos lo derrumbaron antes de llegar a la esquina. Allí lo remataron.
En el asiento trasero del vehículo habían quedado las dos pequeñas:  María Fernanda, de 5 años, con una gravísima herida cerebral, y María Cristina, de 3 y medio, a quien los proyectiles le habían arrancado la mitad de la cabeza y llegaría muerta al hospital.
Los agresores pertenecían al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la guerrilla marxista lanzada a tomar el poder a sangre y fuego. Viola estaba en una lista de oficiales del Ejército a los que querían ejecutar en venganza por la muerte de 16 guerrilleros ocurrida cuatro meses antes, en el intento fallido de copar un regimiento en Catamarca. Su campaña insurgente, iniciada en 1970, desconocía la vigencia de la ley y el estado de derecho. El argumento de que combatían contra una dictadura, que tanto usarían en las décadas posteriores, era por completo infundado. En 1974 regían las instituciones democráticas y el país estaba gobernado por el Justicialismo.
En el ERP conocían los hábitos de Viola. Como en cualquier banda terrorista, la inteligencia previa era un requisito imprescindible para cometer sus crímenes. Sabían que los domingos iba a comer a la casa de sus padres con su esposa y sus hijas de corta edad. Sabían que las pequeñas podrían quedar en la línea de fuego. Aun así eligieron esa fecha y ese lugar para asesinarlo, sin importarle la presencia de las niñitas. Después buscarían excusas para justificar la matanza y hasta barajaron negar su responsabilidad, conscientes de la conmoción que habían causado.
Años más tarde fueron atrapados varios de los asesinos. Los juzgaron y condenaron durante el régimen militar, pero una ley de la democracia los benefició con conmutaciones de penas, antes de ser indultados en 1989 (en 2016 y 2017 algunos incluso llegaron a declarar como testigos en el proceso por la Operación Independencia). El intento de reabrir la causa Viola situándola en la categoría de «crímenes de lesa humanidad» transita sin pena ni gloria por los sumisos tribunales nacionales. Tampoco han prosperado los reclamos en cortes internacionales.
La Argentina de la guerrilla, la que devastó a la familia Viola, no figura en la historia oficial. Sus crímenes se esfumaron, sus asesinos fueron convertidos en mártires, sus víctimas desaparecieron de la «memoria histórica». La pesadilla está lejos de concluir. No falta mucho para que los que procuren mantener vivo el recuerdo de las atrocidades sean tachados de «negacionistas», en una inversión orwelliana del más elemental sentido de justicia.
Lejos de concitar repudio, esa Argentina sigue teniendo sus admiradores nostálgicos que sueñan con reeditarla, aunque por otros caminos. Pueblan la Justicia y la clase política, son legión en los ambientes educativos, en el periodismo y los medios culturales. Y eso no es todo. Muchos de ellos están a días de volver al poder.

domingo, 17 de noviembre de 2019

La Ultima Bendicion


Un sacerdote da la última bendición a un cubano granjero, dueño de un campo, que se negó a trabajar bajo el régimen de esclavitud  del gobierno comunista de los Hermanos Castro y El Che Guevara.El actual papa Francisco trata con sorprendente deferencia a este criminal y ateo régimen Marxista fue fusilado sin el derecho de defensa por orden del Che Guevara

El momento fue captado por la cámara de Andrew López para la prensa Internacional, en 1960 .

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Sin cabeza y sin decoro. Por Sertorio


Hay que ser vil para proclamar como gran éxito de un gobierno la profanación de la tumba de un hombre muerto hace casi medio siglo y que, ya en el momento de su fallecimiento, era considerado historia por buena parte de los que lo vivieron, que tenían edad suficiente como para ser sus nietos. Hasta que a un oportunista sin cerebro ni principios se le ocurrió la idea de violar la sepultura de Franco, España había evitado con bastante buen sentido espectáculos tan denigrantes como el que hemos podido contemplar, retransmitido a todo el mundo. Es como si el gobierno italiano festejara todos los años el asesinato de Mussolini y el escarnio de su cadáver en la Piazza Loreto de Milán. Estos son los «triunfos» de nuestra izquierda, la que nunca pudo con Franco vivo y necesitó de más de cuarenta años para atreverse con Franco muerto y enterrado. Ejemplar valentía, la de un PSOE incapaz de tomar el control de las calles de Cataluña y de frenar la ofensiva del separatismo en un frente cada vez más amplio, que va de Vizcaya a Mallorca, y del que los propios socialistas son cómplices. ¿Cómo va a poder este partido de mindundis e irresponsables controlar las fuerzas centrífugas que él mismo está desatando?

La huesa de Franco es una pieza mucho más fácil de cobrar, sin duda. Con esta rufianesca lanzada a moro muerto, digna de la cobardía, la incapacidad y la idiotez del «doctor» Sánchez y de la caterva de logreros, charlatanes e incompetentes que llamamos «Gobierno», la España actual queda retratada como el pozo de infamia y de inmundicia moral en que se ha convertido tras treinta años de consenso socialdemócrata. La valentía de Sánchez consiste en violar una basílica, cuyo interior es territorio vaticano, y ocuparla por un destacamento armado hasta los dientes frente a la «terrible» amenaza de una apacible comunidad de benedictinos. Fuerza pública que, creemos, habría sido de mayor utilidad en Barcelona que en Cuelgamuros.

No sólo actúan los socialistas con su vileza acostumbrada. También se regodean en el despropósito: para evitar el «culto» a la figura del Caudillo, trasladan su cuerpo del lejano Valle de los Caídos a sesenta kilómetros de Madrid, a Mingorrubio, en las afueras de la capital, en un entorno lleno de merenderos y naturaleza que invita a la excursión dominguera. También se mencionaba que el Estado no podía mantener a un dictador en un «mausoleo» que paga el contribuyente. Bueno, pues es el propio Estado el que ha comprado la tumba de Franco en El Pardo y le está pagando un mausoleo particular. Además, los gastos de la profanación legal del sepulcro del Generalísimo suman un monto tal de dinero que, con esa cantidad, se podría haber mantenido la tumba de Franco en el Valle durante siglos. El Gobierno no sólo pisotea la reconciliación entre los españoles, no sólo humilla sin motivo a una familia a la que ha privado de los derechos más elementales, no solo infringe los concordatos, los códigos y los principios mínimos del respeto a las cosas sagradas, no sólo infama a la España nacional, no sólo ofende la memoria de los que lucharon contra el gobierno criminal, ilegítimo y genocida del Frente Popular, sino que también insulta a nuestra inteligencia. No hay charco ni barrizal en el que no hayan hozado estos botarates.
Quien estas líneas escribe conoce y ama a Rusia, país cuya historia y cultura le interesan vivamente. Allí, de manera natural, conviven los monumentos al genocida Lenin y las estatuas del almirante Kolchak o del general Wrangel. Incluso los cosacos del Don han levantado un monumento al atamán Krasnov, lo que no impide el merecido culto en los memoriales de Stalingrado. Cuando algún progre (por suerte, allí no abunda el imbécil académico de estilo anglosajón) se burla de la manera que aquí es tan habitual de personajes tan diferentes como Stalin o Nicolás II, no le van a dejar de llover los pescozones por parte de todos los rusos, tanto rojos como blancos. Y, desde luego, a nadie se le ocurre remover las cenizas y los monumentos que ya son historia. Stalin reposa en el cementerio del Kremlin, Nicolás II en la iglesia de Pedro y Pablo de San Petersburgo, el general Kappel fue enterrado con todos los honores en Donskoi y las enormes fosas comunes del estalinismo siguen sin abrirse. Sólo en Moscú hay miles de cadáveres soterrados a la vera de las antiguas «explanadas de fusilamiento» bolcheviques. La Lubianka, en pleno centro de Moscú, permanece en pie, monumento ejemplar de lo que significa el poder absoluto de la izquierda. Se reconstruyó todo lo que la bestialidad comunista destrozó, pero (salvo pocas e inevitables excepciones) no se tiraron ni los símbolos ni los monumentos de la ideología más criminal de la historia, la que en España se ensalza día sí y día también por profesores y artistas. Los rusos saben que todo eso es historia, que sus lecciones deben ser aprendidas a la libre manera de cada uno y de que debe dejarse a los muertos la tarea de enterrar a los muertos. Y nunca, nunca, nunca se le falta el respeto a la propia historia ni se usan los cadáveres para humillar al adversario y dividir al país.
Pero Rusia es un Fénix que surge con vigor renovado después del infierno rojo. España es una casa cuyos cimientos conmueven sus propios inquilinos, una familia vuelta contra sí misma, una nación envilecida, prostituida, arrastrada y humillada por quienes hoy presumen de tan mezquina «victoria». España es una sociedad degradada que tolera semejantes espectáculos y en buena medida los aplaude. Y las fuerzas que deberían llamar al orden, a la decencia y al respeto más elemental por la historia, esas fuerzas callan, como un acobardado y miserable tropel de eunucos. Monarquía, obispos, jueces, ejército, por no hablar de la presunta derecha política… Son ellos mucho peores que esa izquierda zarrapastrosa, corrupta, zafia y cínica que les atemoriza. Si el mal prevalece, es porque los buenos dimiten y se esconden. Y su cobardía los hace peores que los malos.

 La España actual es un perro que vuelve a su propio vómito, al horror del 36 y de la penosa República del 31, ese aborto político que sólo produjo desastres, ruina y matanzas, esa máquina de odiar que tanto ignorante descerebrado reivindica.

Y Sánchez, sin duda, obtendrá los miles de votos que la mala ralea de este país siempre está dispuesta a otorgar a quien le promete revancha y alimenta su resentimiento. Y más si es con tan poco riesgo. Sánchez ya ha perpetrado su «hazaña», la única de la que se puede permitir el dudoso gusto de alardear. Lo que le espera, el legado que nos va a dejar este zoquete audaz pero sin luces, no le va a colocar en un buen lugar en la historia: crisis económica, ruptura de la unidad de la patria y disolución de las estructuras esenciales de la sociedad, de las bases de nuestra cultura, del ser mismo de España. Resulta difícil de asumir, pero sólo puede ser tan nefasto y tan malvado alguien absolutamente imbécil.